Esgrima Oriental :
Si bien en todas las antiguas civilizaciones las espadas han sido de suma importancia, es en Oriente dónde ocupan un lugar de privilegio tal que, según un viejo mito, es un arma de corte la causa del origen del mundo.
Cuenta una leyenda china que al principio de los tiempos, cuando aún era la nada y sólo el caos existía, vivía dentro de un enorme huevo un gigante llamado Pankú .
Un día Pankù despertó de su largo sueño, y se sintió sofocado. Entonces tomó su enorme acha , y con la hoja rompió el huevo .
Esto produjo una especie de "big bang", formándose así los elementos básicos :el yin y el yang.
La luz, la parte clara y sutil, ascendió y formó el cielo. La parte oscura y densa descendió y formó la tierra.
Pankú quedó en medio, impidiendo que las partes volvieran a juntarse. Permaneció así miles de años, hasta que llegó a la conclusión de que ya era suficiente, y se tendió a morir.
Mientras agonizaba, su cuerpo sufrió una maravillosa transformación : de distintas partes de su organismo se formaron las materias de nuestro mundo. Su aliento se transformó en viento y nubes y su voz en trueno. Un ojo en el sol y el otro en la luna. Su sangre en el agua, y sus venas en caminos de larga extensión. Sus músculos se transformaron en fértiles campos y las incontables estrellas del cielo aparecieron en su pelo y su barba..Su sudor fluyó como generosa lluvia y el dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra. Sus lágrimas vertidas fueron ríos, y de las pulgas y piojos que tenía en el cuerpo surgieron los seres vivos.
Más allá de la originalidad de la leyenda, la misma nos da una pauta de lo importante y absoluto que es un CORTE , en este caso, tanto como para dar origen al mundo.
La espada tiene un fuerte mística.
En principio, no era para cualquiera.
Un arma de la nobleza, de la elite, cargada con fuertes valores simbólicos y una estética poderosa.
Dejando atrás lo que fuera su norma de uso en tiempos históricos, cuando el combate era entre hombres que se podían tocar, que se veían cara a cara y donde el valor y la técnica eran la causa final del triunfo, y centrándonos en tiempo presente, la práctica de la espada tiene hoy otro sentido.
Al principio se utilizan espadas de caña de bambú llamadas shinais,.
Si el aprendiz avanza, podrá usar espadas de madera llamadas bokken.
La katana real sólo se utiliza en solitario y para meditaciones.
Se intenta dar a la forma técnica y a la intención , la misma fuerza interior con la que se entrenaba antaño.
El silencio, la concentración, la pureza de la formas , la elegancia de la técnica, el ritmo, todo nos lleva a una ética y una estética dejada de lado en épocas actuales.
La repetición del mismo corte una y otra vez, ya que "en la repeticiòn està la perfección", pelea contra las modas actuales dónde todo aburre, todo cansa, todo ha de ser novedoso y divertir.
El entrenamiento de la espada es todo lo contrario : se hace siempre lo mismo, pero se hace cada vez mejor. La vida entera nos llevará hacerlo casi perfecto, pues la belleza pura no existe, es la búsqueda de esa belleza lo que da sentido al camino y a la vida.
El corte se repite como práctica una y otra vez, en el aire, en solitario, shinai contra shinai, bokken contra bokken cuando es con compañero.
Pero el corte real, de ser efectuado, tiene la belleza de aquello que es único e irrepetible, ya que algo puede ser golpeado varias, muchas veces, pero puede ser cortado una sola vez. No hay vuelta atrás sobre eso, la materia ha sido transformada sin regreso y sin remedio.
La hoja de la espada es la mente y es la idea.
Es entrenar el poder de abstracción, la máxima concentración, los reflejos, el aquí y el ahora.
Todo desaparece frente a la hoja de una espada, es un estado de presente supremo, una meditación.
Esa es la búsqueda , y no otra : disciplinar la mente y el cuerpo y buscar la belleza de los movimientos.
No es poca cosa en una época donde la fealdad en todos los sentidos gana las batallas día a día, y dónde la idea de belleza es tan externa, tan vana.
Pero en el interior yacen dormidos viejos valores. En nuestra cadena de adn puede haber genes de viejos guerreros dormidos : sólo hay que buscar y cultivarlos.
Es posible.
M. Fernanda Magadán